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Inanna (Ishtar)

El mensaje de Geshtinanna

Geshtinanna

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

El mensaje de Geshtinanna es una canción balbale sumeria, de muy corta extensión (23 líneas más otras dos últimas de oscura compresión), conocida por tres copias, recoge el mensaje de amor que la diosa Inanna hace llegar a Dumuzi a través de Geshtinanna, la hermana de este. El texto, conocido también como “El Amante Satisfecho” o “El Mensaje de la Hermana”, presenta algunos rasgos de ironía (era impensable el desmayo de Inanna) y de picaresca (el supuesto asunto urgente de Dumuzi en Palacio). A pesar de la elementalidad del contenido, la canción resulta entretenida.

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Geshtinanna y Dumuzi

Un día la hermosa Geshtinanna, la “Viña del cielo”, la hermana de Dumuzi, fue invitada por la diosa Inanna a que acudiera a su Casa. Inanna ardía en deseos de manifestar el profundo y total amor que sentía por Dumuzi. Nada más confiarle semejante secreto, Geshtinanna marchó junto a su hermano a transmitirle aquella alegre noticia. Con suave voz le puso al corriente de todo cuando le había dicho Inanna. 

Hermano mío, cuando el otro día caminaba por la Casa, cuando caminaba por ella, mi querida Inanna me vio y ¿a qué no sabes de que me habló? ¿Quieres saber lo que me dijo?

A Dumuzi, que también amaba en secreto a la joven Inanna, le dio un vuelco el corazón. Con la boca entreabierta, la garganta reseca y la voz entrecortada le dijo a su hermana: 

Geshtinanna, ¿de qué hablo? ¿Qué te dijo Inanna?

Y ella le contestó:

Hermano, me habló de amor, de atracción. Y de cosas de completo embeleso. Mi dulce y sagrada Inanna me descubrió algo. Te había conocido, querido hermano, cuando yo me dirigía a un recado, ¡no recuerdo ahora cual! Se enamoro de ti, que prendada de ti. 

Dumuzi, que escuchaba con toda atención, abrió aún más la boca. No se podía creer aquellas palabras. Su hermana le continúo diciendo:

Hermano, Inanna me invitó a su Casa, me hizo entrar en su Casa. Una vez en ella, hizo que me tendiera en una cama dulce como la miel y cuando ella, mi dulce cariño, se acostó junto a mi corazón, nosotras, hablando y charlando, mi hermoso hermano, a quejárseme. Allí le ocurrió algo como le ocurre a los que están muy débiles: empezó a temblar como una hoja. Se desmayó. Has de saber, Dumuzi, que Inanna se pasa los días golpeándose los muslos. Esta triste.

Ante aquella revelación, de enorme trascendencia para Dumuzi, éste, intentando no demostrar su impaciencia, y simulando tener un asunto oficial en Palacio, le dijo: 

¡Debo resolver un asunto oficial en Palacio! ¡Déjame ir, hermana! ¡Déjame ir a Palacio!

Geshtinanna, que conocía bien el corazón de su hermano, no hizo el menor comentario a la excusa de su hermano. ¡Bien sabía adónde quería ir Dumuzi! Geshtinanna le respondió:

A mis ojos fraternales considero que todavía eres un niño pequeño. Pero como mi Baba -con esta nombre de diosa así llamo cariñosamente a Inanna- te ve como un hombre, te voy a dejar ir hasta ella.

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Referencias

  • Federico Lara Peinado (2017). Mitos De La Antigua Mesopotamia: Héroes, dioses y seres fantásticos. El Mensaje de la Hermana (pag.314). Editorial Dilema. ISBN 8498273889.

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