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Inanna (Ishtar)

Los amores de Inanna (Ištar)

Amores de Inanna

Tiempo estimado de lectura: 15 minutos

En esta epopeya de «los amores de Inanna (Ištar)», escrita en lengua acadia y compuesta, como fecha post quem, a fines del II milenio, aparece, al inicio de la tablilla VI, un pasaje que resulta obligado citar. Debido, sobre todo, a que dicho pasaje falta en la leyenda en lengua sumeria que habría inspirado en este caso al autor de la epopeya, Gilgameš, Enkidu y el Toro Celeste, y a que todavía no ha sido descubierto entre los fragmentos de las versiones más antiguas de las aventuras de Gilgameš.

No se trata de un mito, sino del resumen de varios mitos y leyendas, seis en total, de los que, por otra parte, sólo conocemos dos. La acción nos es narrada por Gilgameš en el momento en que, en compañía de su compañero y amigo Enkidu, vuelve, triunfante, de su heroica expedición al Bosque de los Cedros (tablillas IV-V); Ištar, al verlo, se enamora de él y se le ofrece.

Mitos de Inanna

Rito del Matrimonio Sagrado

El Rito del Matrimonio Sagrado

Geshtinanna

El Mensaje de Geshtinanna

Gilgameš e Ištar

El héroe Gilgameš, enterado, como todo el mundo, de la inconstancia de la diosa Ištar y de sus bruscos cambios en asuntos del corazón, no sólo le da la espalda, sino que, además, y como justificación de su rechazo, le echa en cara la lista íntegra de sus amoríos, que siempre acabaron mal para sus amantes. Este, precisamente, es el motivo que concede a esta obra un valor como mito, pues describe el carácter y el comportamiento de una divinidad de primer orden.

(VI: 42) «¡A ninguno de tus amantes lo has amado para siempre!
¡Ninguno de tus favoritos ha escapado a tus súplicas!
¡Ven, para que yo te recite
La triste suerte de tus amores!…

Los amores de Inanna

Verso con lagunas e intraducible

(46) -¡A Tammuz, tu amante de juventud,
Le asignaste un lamento fúnebre anual/
Tú amaste al polícromo Rabilargo:
Y luego, de repente, lo golpeaste
Y le cortaste las alas,
(50) Y helo aquí, refugiado en el bosque
Y piando: “¡Mis alas!”.
-Amaste al León de incomparable vigor:
¡Y luego, de ·repente, no paraste de tenderle
Emboscada tras emboscada!
-Amaste al caballo, apasionado del combate:
¡ Y luego, de repente, le asignaste
La fusta con picos y tiras de cuero;
(55) Lo condenaste a interminables carreras
Y a no beber agua más que después de haberla
manchado!
¡Incluso llegaste a enlutar, por él, a su madre Silili!
-Amaste al Pastor, al pastor principal,
Quien, amablemente, te preparaba tortas a la brasa
(60) Y a diario te sacrificaba sus cabritas:
¡Y luego, de repente, lo golpeaste y lo transformaste
en Lobo,
Para que fuese perseguido por sus propios sirvientes
Y sus perros le despedazasen los cuartos traseros!
-Amaste a Išullânu, el jardinero de tu padre,
(65) Que no paraba de ofrecerte cestos de dátiles
Y todos los días te conseguía un abundante menú
Tú posaste tus ojos en él
Y llegaste a provocarlo:
“Disfrutemos (akâlu) de tu vigor, oh Išullânu mío,
Acerca tu ‘mano’ y tócame (lapatû) la vulva!”
(70) Pero Išullânu te decía:
“¿Qué es lo que me pides?
¡Mi madre ya ha cocinado y yo ya he comido (akâlu)!
¡Tú, como alimentos (akâlu), sólo me ofreces pan (aklu)
Maldiciones y oprobios!
Para hacer frente al frío yo sólo podía
Cubrirme con juncos (elpetu)!”
(75) ¡Y cuando tú lo oíste hablar así
Lo golpeaste y lo transformaste en Sapo (?),
Concediéndole una morada en su jardín,
Donde […] no sube ni baja!
-Así pues, si tú me amas, también a mí
Me acabarás tratando como a ellos!»

Los amores de Inanna

En este pasaje se encuentran esquematizadas y organizadas, de la más breve a la más detallada, seis historias diferentes. La primera de ellas, la de los amores de Ištar/Inanna con Tammuz/Dumuzi, es la más conocida y más adelante veremos lo bien documentada que está (14-8). En la última de ellas podemos reconocer, con facilidad, otra versión, distinta, de Inanna y Šukaletuda. Desconocemos las restantes cuatro historias y todavía no hemos encontrado ni el menor fragmento ni tan siquiera el más mínimo indicio de cualquier desarrollo literario, en caso de que ellas hubiesen dado lugar a alguno, ni tampoco la más mínima alusión, ya lejana o indirecta, siendo posible que, después de todo, al autor del Gilgameš haya ido a buscarlas a la tradición oral, pues su carácter folclórico resulta evidente.

Tres amantes son animales

En tres de ellas los amantes de Ištar son animales, evidentemente prototipos: el «Rabilargo polícromo» (48-50) es, posiblemente, el pájaro que se esconde bajo el nombre acadio de allallu (al que, curiosamente, responde el término sumerio sipa.tur, «pastorcillo», como si en torno a la diosa, se quisiera multiplicar a los pastores), el León (51 s.) y el Caballo (53-57). Se trata de tres historias de carácter etiológico, compuestas para dar cuenta, a través de estos primeros representantes de dicha especie y de la malvada intervención de Ištar, de la triste situación en que actualmente se encuentran todos sus descendientes.

El Rabilargo debía de tener muy poca capacidad para volar y con su lastimero grito (que resulta mucho más expresivo en acadio: ¡kappi!) parecía que lloraba por el quebranto de sus alas. El León era objeto de batidas y caza generalizadas y sin piedad. Por lo que respecta a la suerte del Caballo, animal que, en este país, se dedicaba sobre todo a la guerra, ésta no debía de ser envidiable: era cruelmente fustigado se le sometía a largas y extenuantes carreras; en un país en el que no beber agua clara y «fresca» suponía una desgracia, se consideraba que el caballo sólo podía beber agua «turbia», pues para beber tenía que entrar en la charca que le servía de abrevadero, revolviendo, así, el barro con sus cascos.

Por último, se creía -al menos con respecto a uno de los representantes más famosos de dicha especie animal- que su muerte prematura, sin duda violenta (¿durante un combate?), había sumido en el luto y en el dolor a su madre, Silili, sobre la que no se sabe nada más. En los otros dos resúmenes también resuena el folclore: en esta ocasión, Ištar, resentida, metamorfosea en animales a hombres, que, en este caso, no son prototipos. En primer lugar, el Pastor (término que nos lleva a pensar en una variante de los amores de la diosa con Tammuz/Dumuzi, que también era un pastor; a este respecto ver más adelante dentro del presente capítulo), al que precisamente transforma en Lobo (58-63), el enemigo de los rebaños y, como tal, perseguido por los pastores y por sus perros -de un modo, en cierto sentido, similar a lo que, dentro de la tradición griega, le ocurre al cazador Acteón, que, convertido en su propia pieza, en un ciervo, es despedazado por sus perros de caza.

Inanna y Šukaletuda

La historia más detallada es la del Jardinero, que ocupa quince líneas (64-79), llegando a constituir así un auténtico cuento breve. Muchas de sus características la relacionan con Inanna y Šukaletuda. No sólo porque tanto éste último como el héroe del relato que aquí nos ocupa ejercen la misma profesión, ocupándose, especialmente, de las palmeras, sino también porque sabemos, gracias a un antiguo «diccionario» sumerio-acadio, que se consideraba que Šullânu, variante clara de Išullânu, era el equivalente acadio de Šukaletuda.

Por otra parte, el armazón de los dos relatos es el mismo: Išullânu es castigado por Ištar por un asunto amoroso (y, en concreto, de amor físico) y, en este caso, comprendemos en qué consistió dicho castigo: la diosa lo transforma en un pequeño animal de jardín cuyo nombre (dallâlu) no nos dice gran cosa, mientras que Šullânu, mucho más elocuente (significa «verrugoso»), nos lleva a pensar que se trata de un sapo (?).

Estos datos, por otra parte, nos pueden ayudar a aclarar la parte oscura del relato de Inanna y Šukaletuda (§ 25). La diferencia entre ambos relatos radica en que, en este caso, la situación es inversa; no estamos ante una violación de la diosa por parte del Jardinero, sino, por así decirlo, de un intento de violación del Jardinero por parte de la diosa: Ištar castiga a Išullânu porque éste se negó a acostarse con ella. En el diálogo formado por las proposiciones que aquélla le hace también se traslucen una serie de rasgos que recuerdan, remotamente, el tono particular del mito sumerio ya visto y, en especial, los «juegos de palabras» (por este motivo la traducción de las líneas 68 s. y 72-74 se acompaña de la transcripción de los términos acadios equívocos).

No comprendiendo, o mejor, no queriendo comprender, por causa de su candor, de su honestidad y de su prudencia, lo que Ištar le dice que espera de él, Išullânu juega con los diferentes significados del mismo término. Ella le propone «gozar», lo que en acadio se expresa con el verbo akâlu que significa «comer», él, entonces, rechaza la «comida» que ella le ofrece, asegurándole que ya comió en su casa: 67-72 s.

Un temperamento endiablado

También se juega con sus asonancias: ella le ofrece su sexo para que lo «toque» -en acadio, lapâtu-, claro eufemismo, y él le responde recurriendo al término elpetu, de idéntica armazón fonética, y que significa «junco», para contestar que si él muestra deferencia hacia los deseos de su provocadora no sólo será objeto de humillaciones y reproches, sino que, además, será rechazado por todos (comp. con VII, § 5) y que, para defenderse del frío, sólo le quedarán los «juncos», totalmente ineficaces, de una miserable cabaña situada fuera de la ciudad: 69-74.

Temiendo, quizás, ser despedido por el «padre» de Ištar (que, tanto aquí como en el mito sumerio, debe estar haciendo referencia a Enki y no a Anu, quien también porta este título), Išullânu defiende, por tanto, si no la moral, sí, al menos, el orden social, mientras que, en Inanna y Šukaletuda, dicho orden social era defendido por la diosa. Se trata, por tanto, de la misma historia, pero en dos versiones opuestas y, por así decirlo, simétricas, lo cual, sin embargo, no altera el sentido fundamental de la misma, Éste es otro aspecto que también nos vuelve a recordar al folclore, donde este tipo de paralelismos esenciales aparecen, con frecuencia, acompañados por divergencias más o menos superficiales.

Si bien, también es posible que haya circulado algún tipo de pieza literaria que pudo haber sido resumida para esta ocasión y que, a su manera, narraba el mismo mito de los amores de la diosa y de sus relaciones con el Jardinero y los jardines. Estas seis historias, mitológicas al menos en tanto que nos dan cuenta de la conducta y de las acciones de una divinidad de primer orden, tratan, por tanto, de los inciertos y peligrosos amores de Ištar/Inanna. Nos la presentan como una diosa fácil, muy dada a las aventuras, lasciva y dotada de eso que nosotros, familiarmente, denominaríamos como «un temperamento endiablado», pero, al mismo tiempo, versátil y que, en suma, se presenta como un perfecto ejemplo de «zorra», tal como diríamos hoy día, haciendo uso de ese mismo tono.

De este modo, todos ellos subrayan y aclaran el carácter fundamental de este personaje: se trata de la diosa y de la patrona del amor libre y, precisamente por este motivo, nunca se une a nadie, pues su «destino», su vocación y su naturaleza no son ni la fidelidad, ni el matrimonio ni la maternidad, sino sólo el placer y el amor. Esta misma caracterización es la que, de una manera mucho más detallada, nos vamos a encontrar a continuación en la extensa y ejemplar narración, que cuenta con numerosas variantes, de sus amores con Tammuz/Dumuzi, quizás el retrato primitivo y más antiguo ele dicha diosa y de la reputación de la misma del que se hizo eco el autor de Gilgameš.

Los amores de Inanna/Ištar con Dumuzi/Tammuz 14-19

La historia condensada en dos versos en el Gilgameš VI: 46 (ver, en el presente capítulo, § 31) excitó la inspiración de los mitógrafos y poetas de Mesopotamia, constituyendo, así, un extenso e importante capítulo dentro de la mitología de esta región. Los poetas y mitógrafos la desarrollaron en sucesivos episodios y de cada uno de ellos han llegado a componer, en ocasiones con múltiples versiones y variantes, cuatro o cinco relatos en sumerio, más o menos líricos, que han llegado hasta nosotros. Del primero de estos relatos también conocemos una versión en acadio suficientemente original como para que merezca ser tratada por separado (18).

Mitología Sumeria

Inanna Diosa del Amor y la Guerra

La astucia de Inanna

La maldición de Agadé

La maldición de Agadé

Referencias

  • Samuel Noah Kramer, Jean Bottero (2004). Cuando los dioses hacían de hombres. Pags. 286-291. Editorial: Ediciones Akal. ISBN 978-84-460-1762-2.

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